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DOCUMENTACIÓN

Flauro

El nombre aparece con distintas variantes según el manuscrito o la traducción: Flauros, Hauras o Haures. Su etimología es incierta y no existe consenso académico sobre un origen hebreo, griego o persa. La mayoría de los investigadores considera que es un nombre surgido dentro de la tradición de los grimorios medievales y renacentistas.

Flauro aparece por primera vez en la demonología ceremonial europea de los siglos XVI y XVII, especialmente en la Pseudomonarchia Daemonum de Johann Weyer (1577) y posteriormente en el Ars Goetia de la Llave Menor de Salomón.

Es descrito como un Gran Duque del Infierno con autoridad sobre veinte o treinta y seis legiones de demonios, según la versión consultada.

Se le atribuye la capacidad de revelar conocimientos ocultos y acontecimientos del pasado, presente y futuro cuando es correctamente invocado, aunque también se afirma que engaña a quienes no lo controlan mediante los rituales apropiados.

Su representación tradicional es la de un leopardo que posteriormente adopta forma humana. Asimismo, se le adjudica el poder de provocar incendios y destruir enemigos mediante el fuego.

En el Universo Navarriano

Es mencionado en varias ocasiones, aunque su primera aparición directa tiene lugar en el episodio Primogénito.

Allí posee el cuerpo de María San Juan de Garonda con el objetivo de acabar con la vida de la anciana partera que asiste el nacimiento de su primogénito. La mujer, que en el pasado fue una bruja, descubre que María está utilizando un poderoso sortilegio para conservar una apariencia eternamente joven. Al comprender el peligro que representa ese conocimiento y temer que su secreto sea revelado, Flauro, controlando el cuerpo de María, asesina a la anciana antes de que pueda denunciarla.

Más adelante, en el mismo episodio, vuelve a manifestarse a través de María e intenta apoderarse del niño recién nacido. Sus planes se ven frustrados cuando se enfrenta por primera vez con fray Francisco. Durante el conflicto abandona el cuerpo de María y pasa a poseer a Juan Carlos de Garonda, desde donde continúa el enfrentamiento.

Su siguiente intervención importante ocurre en Causa de Fe. Después de que el exorcista devora los pecados de María mientras permanece recluida en su celda acusada de brujería, Flauro descubre que aquel acto ha producido una consecuencia inesperada: la desaparición del Signum Servus Inferni, la marca que vinculaba a la mujer con el servicio de Ichneumón y que permitía ejercer influencia sobre ella.

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