Ichneumón
Es una creación original del Universo Navarriano inspirada en la figura clásica del Icneumón descrito por Plinio el Viejo e Isidoro de Sevilla. Su nombre proviene del término griego ichneumon, que significa “rastreador”, en alusión a su capacidad para seguir el rastro invisible de las culpas de los hombres.
Conocido como el Demonio de la Culpa, Ichneumón representa la culpa no confesada, el remordimiento persistente y las heridas espirituales que el pecado deja en la conciencia humana.
A diferencia de otras entidades infernales, no actúa mediante la violencia inmediata. Prefiere esperar pacientemente a que sus víctimas se entreguen por voluntad propia a la desesperación, al resentimiento y al peso de sus propios actos.
En el Universo Navarriano
Es el antagonista central y la principal fuerza opositora a la misión de fray Francisco a lo largo de toda la obra. Su influencia se extiende mucho más allá de los acontecimientos narrados en Navarra Preludio. Sus acciones, conspiraciones y objetivos constituyen uno de los ejes fundamentales sobre los que se desarrolla el conflicto entre las fuerzas infernales y aquellos que intentan impedir su avance.
Su propósito consiste en derrocar a su padre, Lucifer, y tomar el Infierno por asalto. Para lograrlo necesita localizar dos reliquias vinculadas al rey Salomón: el grimorio conocido como Lemegeton Clavicula Salomonis y el anillo otorgado por el arcángel Miguel, mediante el cual el monarca hebreo sometió a los setenta y dos demonios que participaron en la construcción de su templo.
Sin embargo, su propia naturaleza angélico-demoníaca le impide hallar dichos objetos, pues ambos permanecen protegidos por antiguos sortilegios. Por esta razón necesita la ayuda de una hechicera cuya sangre conserve vínculos ancestrales con el inframundo y sus antiguos servidores.
Esa persona resulta ser María San Juan de Garonda, descendiente de una estirpe de hechiceras. Aprovechando un momento de profunda fragilidad emocional, Ichneumón logra manipularla para encontrar las reliquias que busca.
Al descubrir que María ha dado a luz un primogénito, decide convertir al niño en una pieza fundamental de sus planes futuros. Su intención es utilizarlo como hechicero cuando alcance la mayoría de edad y convertirlo en un instrumento de su proyecto de emancipación infernal.
Cuando María se rebela, oculta el grimorio y trata de romper definitivamente con el demonio, Ichneumón inicia una serie de posesiones destinadas a obligarla a revelar el lugar donde lo ha escondido.
Es durante estos acontecimientos cuando entra en escena fray Francisco. El enfrentamiento entre ambos modifica el destino de los dos. Al descubrir la extraordinaria fortaleza de voluntad del exorcista, Ichneumón le impone dos anatemas que, lejos de destruirlo, terminarán interfiriendo en sus propios planes y darán origen a una rivalidad que se extenderá a lo largo de toda la saga.